Aprovechando que este fin de semana disponíamos de un día más porque el Lunes era fiesta, y acompañados de Andrés y Mari, nos pusimos las pesadas mochilas al hombro en Capileira y emprendimos la marcha hacia el refugio de Poqueira, a los pies del Mulhacén.
| Refugio Poqueira |
Seguimos la senda junto a la acequia alta, con el terreno muy llano, y por fin llegamos a la nieve!! Subimos y subimos un poquito más y alcanzamos el Refugio, en el que había mucha gente, pero ignorando el mogollón, nosotros disfrutamos mucho de Sierra Nevada, la nieve, el fresquito y las duchas de agua helada.
| Siguiendo la acequia alta (en algunos tramos cubierta de nieve) |
| Parada para comer y reponer fuertes con unas vistas impresionantes |
El domingo, con crampones, raquetas, esquís, piolets en mano y un día despejado, empezamos a subir rumbo al refugio-vivac La Caldera. Andrés y Mari subían con sus esquís por laderas tan empinadas que parecía imposible que no se fueran para atrás. Según íbamos subiendo (con los crampones primero porque la nieve estaba dura y las raquetas después porque ya estaba más blanda, había mucha cantidad y nos hundíamos hasta la rodilla), el cielo empezó a ponerse gris, con nubarrones que de vez en cuando nos impedían ver el Mulhacén al completo, y un viento muy frío.
| Nuestros compañeros de fatiga |
Pero llegamos a la Caldera (3065 metros de altitud) y, parando sólo para comernos un puñaito de avellanas para reponer fuerzas, nos dimos media vuelta y comenzamos a bajar para evitar que nos pillasen las nubes que poco a poco continuaban bajando y que se nos congelase el cuerpo del "fresquillo" que se había levantado.
Llegamos al Refugio de nuevo, nos dimos una "ducha" de agua HELADA, nos quedamos como nuevos y bajamos al comedor para entrar en calor junto a la chimenea. Comimos muuuuchas palomitas (por gentileza del propio refugio) y bebimos cervecita y vino. Cenamos y nos acostamos rendidos tras un día más corto de lo que esperábamos (inclemencias metereológicas de alta montaña).
El lunes volvimos a ponernos las mochilas al hombro (esta vez con menos peso – menos mal) y bajamos, deshicimos el camino de la acequia que dos días antes habíamos hecho con tanta ilusión y llegamos a los coches, tristes por lo rápido que se había pasado nuestra expedición "Sierra Nevada" y con ganas de volver lo antes posible para repetir la experiencia. Lástima que por aquí abajo haga tan buen tiempo y la nieve no dure mucho.
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